lunes, 26 de noviembre de 2012

Nota Vinculada


Una pandemia global.

(Por: Britez Rodrigo)

La violencia de género es una gran problemática que vino para instalarse en nuestra sociedad, pero a la medida que pasan los años, cuenta con más capacitación y prevención para esta “patología” como recalcó la psicóloga Agustina Lockett, quien encabeza una ONG, refugio de mujeres victimas de todo tipo de abusos. A través de tantas declaraciones de la profesional,  lo que remarcó profundamente es que  “El agresor de género es un dictador que impone su voluntad por medio de la violencia. Su objetivo es anular la personalidad de la mujer y conformar un nuevo ser, una nueva identidad, sometida y subordinada a sus deseos”. Según la especialista, en la medida en que la mujer opina, siente, razona, se comporta, se expresa o se emociona, lo hace, desviándose del patrón de personalidad que el agresor considera debe ser el adecuado para "su mujer", el hombre utilizará la violencia. Esa actitud antisocial es, por lo general, auto concedida.
"El agresor entiende que desde hace décadas, de forma explícita y en la actualidad más tácitamente, ha sido, de algún modo, educado en la convicción de que tiene derecho a imponerse a «su» mujer", dice.
Un documento oficial de las Naciones Unidas establece que la forma más común de violencia experimentada por mujeres a nivel mundial es la violencia física infligida por una pareja íntima, incluidas mujeres golpeadas, obligadas a tener relaciones sexuales o abusadas de alguna otra manera”. El mismo cuantifica que la mitad de todas las mujeres víctimas de un homicidio son asesinadas por su esposo o pareja actual o anterior. En Australia, Canadá, Israel, Sudáfrica y los Estados Unidos, entre el 40 y 70% de las mujeres asesinadas fueron víctimas de sus parejas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Afirma que constantemente reciben llamadas de mujeres angustiadas "que sufrieron una agresión sexual reciente o incluso vivida tiempo atrás y tal vez por primera vez se atreven a hablar del hecho que escondieron por vergüenza o por miedo a las consecuencias que podían sufrir ellas mismas o sus hijos".
Frente a la desgarradora pandemia global, la especialista en violencia de género explicó brevemente que  el tratamiento adecuado para estas  víctimas debe ser llevado a cabo en tres etapas claves: "El primer momento es de fortalecimiento, ya que las mujeres llegan devastadas, desvalorizadas, porque fueron sometidas psicológicamente y aisladas, para que creyeran que el hombre que las maltrataba era el único vínculo que tenían, por eso creían que no tenían salida”. En una segunda fase propone a las mujeres participar de  grupos de autoayuda que las fortalezcan en sus potencialidades y finalmente la propuesta se dirige a rediseñar un nuevo esquema de vida libre de violencia.
Lockett asume que “para que el cambio se instale es necesario un compromiso social. Hemos avanzado mucho en el país, pero todavía hay un déficit en cuanto a un cambio cultural, que en el imaginario social no sólo sean los médicos sino los amigos, los vecinos, los familiares quienes se apropien del tema",
"Si hay circulación social del tema, se facilita la consulta en servicios especializados que protegen a las víctimas", define. Para cortar el circuito de agresión y aislamiento, es imprescindible que de eso sí se hable, y que los medios de comunicación lo difunda lo mayormente posible".

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