Una pandemia global.
(Por: Britez Rodrigo)
La violencia de
género es una gran problemática que vino para instalarse en nuestra sociedad,
pero a la medida que pasan los años, cuenta con más capacitación y prevención
para esta “patología” como recalcó la psicóloga Agustina Lockett, quien
encabeza una ONG, refugio de mujeres victimas de todo tipo de abusos. A través de
tantas declaraciones de la profesional,
lo que remarcó profundamente es que
“El agresor de género es un dictador que impone su voluntad por medio de
la violencia. Su objetivo es anular la personalidad de la mujer y conformar un
nuevo ser, una nueva identidad, sometida y subordinada a sus deseos”. Según la
especialista, en la medida en que la mujer opina, siente, razona, se comporta,
se expresa o se emociona, lo hace, desviándose del patrón de personalidad que
el agresor considera debe ser el adecuado para "su mujer", el hombre
utilizará la violencia. Esa actitud antisocial es, por lo general, auto
concedida.
"El agresor entiende que desde hace décadas, de forma explícita
y en la actualidad más tácitamente, ha sido, de algún modo, educado en la
convicción de que tiene derecho a imponerse a «su» mujer", dice.
Un documento
oficial de las Naciones Unidas establece que la forma más común de violencia
experimentada por mujeres a nivel mundial es la violencia física infligida por
una pareja íntima, incluidas mujeres golpeadas, obligadas a tener relaciones
sexuales o abusadas de alguna otra manera”. El mismo cuantifica que la mitad de
todas las mujeres víctimas de un homicidio son asesinadas por su esposo o
pareja actual o anterior. En Australia, Canadá, Israel, Sudáfrica y los Estados
Unidos, entre el 40 y 70% de las mujeres asesinadas fueron víctimas de sus
parejas, según la Organización Mundial de la Salud (OMS).
Afirma que
constantemente reciben llamadas de mujeres angustiadas "que sufrieron una
agresión sexual reciente o incluso vivida tiempo atrás y tal vez por primera
vez se atreven a hablar del hecho que escondieron por vergüenza o por miedo a
las consecuencias que podían sufrir ellas mismas o sus hijos".
Frente a la
desgarradora pandemia global, la especialista en violencia de género explicó
brevemente que el tratamiento adecuado
para estas víctimas debe ser llevado a
cabo en tres etapas claves: "El primer momento es de fortalecimiento, ya
que las mujeres llegan devastadas, desvalorizadas, porque fueron sometidas
psicológicamente y aisladas, para que creyeran que el hombre que las maltrataba
era el único vínculo que tenían, por eso creían que no tenían salida”. En una
segunda fase propone a las mujeres participar de grupos de autoayuda que las fortalezcan en
sus potencialidades y finalmente la propuesta se dirige a rediseñar un nuevo
esquema de vida libre de violencia.
Lockett asume
que “para que el cambio se instale es necesario un compromiso social. Hemos
avanzado mucho en el país, pero todavía hay un déficit en cuanto a un cambio
cultural, que en el imaginario social no sólo sean los médicos sino los amigos,
los vecinos, los familiares quienes se apropien del tema",
"Si hay circulación social del tema, se facilita la consulta en
servicios especializados que protegen a las víctimas", define. Para cortar
el circuito de agresión y aislamiento, es imprescindible que de eso sí se
hable, y que los medios de comunicación lo difunda lo mayormente posible".
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