El damas gratis ¿un beneficio para las damas, o una estrategia de gestión?
(Por: Rios Salvador)
¿Cuántas veces han llegado a un bar o boliche y al preguntar el precio de la entrada les responden varones 30 pesos, damas free? Este peculiar –pero no insólito- fenómeno se reproduce todos los fines de semana en varios locales del centro de la ciudad, y suele ser pasado por alto por quienes lo concurren. Lo que gran parte de este cúmulo consumidor desconoce es que esta tradicional política de admisión de ingreso recorre un trasfondo machista y violento hacia el género femenino.
Martín Depiante, productor de las Fiestas Skalavericas, cataloga al hecho como una denigración por parte de la mujer donde “no se toma a la mujer como mujer, sino como una cosa”, justificándose: “el hombre cuando sale al boliche busca a la mujer, si al salir, en el boliche hay más mujeres, el hombre tiene más opciones; y por otro lado está impuesto un caballerismo, algo muy social, que hace que el hombre invite a la mujer a beber” volviendo así al hombre como una especie de foco de consumo dentro del local, y a la mujer como parte del servicio consumido, separando al hombre de la mujer en relación directa por lo que consume. “En las Skalavericas todos pagan lo mismo, porque somos todos iguales, y si viene una chica (como puede venir un chico) y me dice que no tiene plata, y bueno vemos como hacemos, pero seguramente va a terminar pasando, porque quiero que todos estén en la fiesta y la pasen bien, si para eso salen, no para consumir sino para pasarla bien. Yo cuando organizo una fiesta, no te digo: “ mira estas son las minas que tengo”; no, para nada, yo digo: “mira esta es el producto que ofrezco, sale lo que cuesta, hay música en vivo, decoración, proyecciones, habilitación municipal, y empleados bien pagos””, iba diciendo al final, y proseguía “acá la única estrategia que buscamos es hacer que la gente llegué más temprano, pero igual nunca tenemos éxito porque la gente sigue cayendo cuando quiere”.
El caso de Berlín –por tomar un caso al azar- es un caso muy particular, donde todo esto queda manifestado. Berlín es un lugar que “se postula tanto como un escenario para diversos shows (tanto musicales como teatrales, artísticos, etc), en el transcurso de los cuales se puede cenar y luego como bar/boliche” y mejor no lo podía contestar Francina Grecco, encargada de Prensa y Difusión del local. Cuando se desarrollan dichos shows, se establece un precio fijo que todos deben pagar (hombres y mujeres), el cual varía según el espectáculo; pero una vez finalizado el show, se abre el boliche y comienza el damas gratis, y a su modo 30 pesos el ingreso para el varón. A lo que viene la pregunta ¿Qué es lo que cambia en ese cuarto de hora cuando termina el show? La respuesta es: El servicio. Ya no se cuenta con un espectáculo, ni un coqueto bar para ir a cenar mientras desgustas algo de teatro, sino que ahora se Berlín se luce de algo que aparenta ser una discoteca, y retomando las palabras de Martín: “el hombre cuando sale al boliche busca a la mujer”. “Desconozco el motivo por el cual el bar establece esa política, y nunca me interioricé demasiado. Supongo e intuyo que debe tener que ver con alguna "estrategia" para atraer más clientes” comentaba Francina, a lo que luego agregaba: “pero no hay nada que corrobore que efectivamente las mujeres entran gratis para que vayan más hombres y de este modo ellas se conviertan automáticamente en objeto de consumo. De cualquier manera no creo que ni hombres ni mujeres presupongan nada de esto a la hora de elegir el bar. Berlín está establecido en la ciudad desde hace 16 años, por lo cual considero que quienes asisten al mismo lo hacen por otros motivos”, cosa en la que hay que darle la razón, ya que el bar tiene una tradición antiquísima en materia del ocio nocturno en la ciudad.
De todas formas, como empleada mujer manifestó estar a favor de la igualdad de género, y resaltó que en el local, no se manifiesta ninguna desigualdad en el trato a través del género, ni hacia el staff del local (que cuenta con más mujeres además de Francina), ni hacia la gente que concurre. Finalmente resaltó que por su experiencia, el entorno de trabajo no es sexista. Y aquí nuevamente hay que darle la razón, ya que en Berlín el trato del personal, está fundado con respeto y no se establecen márgenes de discriminación a diferencia de otros locales de la ciudad. Cosa que lleva a pensar que la estrategia de ventas “damas gratis” se presenta de forma inocente, tal vez inconsciente por parte de los encargados del local, dándole así desarrollo a una política antigua (de la época de los abuelos) y sexista, que separa al hombre de la mujer en el más triste de los aspectos: el consumo.
Recientemente, el diario “La Capital” publicó una nota, redactada por el economista Ariel Baños, referida al tema, pero que tomaba como objeto los restaurants de Puerto Madero, donde se podía apreciar carteles que decían “2x4 para grupos de mujeres”, cosa que entristece leer. En una época donde la sociedad argentina parece evolucionar en ciertos aspectos referidos a la igualdad de género, algunas ramas del mercado como: los medios (ver aparte), la moda y el ocio nocturno (tanto bares, discotecas, o gastronómicos) siguen presentando la impronta de poner a la mujer de un lado del consumo, y al hombre del otro, dividiendo así materialmente (y como hemos podido comprobar, inocentemente tal vez también) los géneros.
Fuentes: Diario La Capital.
Entrevistas: Martin Depiante y Francina Grecco
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