Editorial
Jacquelin, Ornella.
El sistema
educativo, en baja.
EL reciente informe de la OCDE
sobre nivel educativo en los 30 países más desarrollados no ha podido ser más destructor
para España, a quien coloca en un vergonzoso pelotón de los torpes. Los estudiantes
de secundaria no alcanzan la media de conocimientos en matemáticas, lectura y
ciencia, y un 20%de ellos no supera el nivel básico en dichas materias.
Los criterios de esta ley educativa que tantas
discusiones originó desde su entrada en vigor han hecho que para muchos
pedagogos no haya representado ninguna sorpresa que, en el llamado Informe PISA
de evaluación internacional de estudiantes, España figure en los puestos 22
(cultura científica), 23 (comprensión de la escritura) ó 24 (cultura
matemática). Dentro de estos resultados desalentadores, Castilla y León lidera
las mejores puntuaciones españolas. En comprensión de lectura obtiene el puesto
14 -la siguen el País Vasco en el 18 y Cataluña en el 28-. En matemáticas la
prueba la situó en el puesto 20 -el País Vasco está en el 23 y Cataluña en el
26-.
Lo peor de esta situación no son los negativos
resultados obtenidos por los alumnos españoles, sino que la confrontación
política amenaza con impedir la necesaria honestidad intelectual para reconocer
unos problemas que necesitan de una urgente rectificación desde el rigor
académico y el más elemental sentido común. La política educativa es algo
demasiado serio como para que se emplee como arma de lucha partidista, está en
juego algo tan vital para el desarrollo de una nación como es la capacitación
de las generaciones que algún día deberán tomar el cambio.
Aunque la LOCE (Ley Orgánica Constitucional de
Enseñanza) no se haya aplicado en su totalidad por el cambio de legislatura,
muchos de sus contenidos, conforman un modelo de enseñanza que permite albergar
esperanzas en el país para que mejore sus resultados educativos. No solo los alumnos
están a la cola de la enseñanza, España también aparece en los últimos puestos
de gasto en educación, aunque aquí sería injusto olvidar el ingente esfuerzo
realizado por las Administraciones durante los últimos decenios.
Los resultados de la política educativa
dependen de un impulso común de toda la comunidad escolar en la que se integra
un profesorado para el que no basta asignar una retribución por el cumplimiento
de unas jornadas lectivas y olvidarse después de ellos.
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