viernes, 23 de noviembre de 2012



Editorial

Jacquelin, Ornella.

El sistema educativo, en baja.

EL reciente informe de la OCDE sobre nivel educativo en los 30 países más desarrollados no ha podido ser más destructor para España, a quien coloca en un vergonzoso pelotón de los torpes. Los estudiantes de secundaria no alcanzan la media de conocimientos en matemáticas, lectura y ciencia, y un 20%de ellos no supera el nivel básico en dichas materias.

 Los criterios de esta ley educativa que tantas discusiones originó desde su entrada en vigor han hecho que para muchos pedagogos no haya representado ninguna sorpresa que, en el llamado Informe PISA de evaluación internacional de estudiantes, España figure en los puestos 22 (cultura científica), 23 (comprensión de la escritura) ó 24 (cultura matemática). Dentro de estos resultados desalentadores, Castilla y León lidera las mejores puntuaciones españolas. En comprensión de lectura obtiene el puesto 14 -la siguen el País Vasco en el 18 y Cataluña en el 28-. En matemáticas la prueba la situó en el puesto 20 -el País Vasco está en el 23 y Cataluña en el 26-.

 Lo peor de esta situación no son los negativos resultados obtenidos por los alumnos españoles, sino que la confrontación política amenaza con impedir la necesaria honestidad intelectual para reconocer unos problemas que necesitan de una urgente rectificación desde el rigor académico y el más elemental sentido común. La política educativa es algo demasiado serio como para que se emplee como arma de lucha partidista, está en juego algo tan vital para el desarrollo de una nación como es la capacitación de las generaciones que algún día deberán tomar el cambio.

 Aunque la LOCE (Ley Orgánica Constitucional de Enseñanza) no se haya aplicado en su totalidad por el cambio de legislatura, muchos de sus contenidos, conforman un modelo de enseñanza que permite albergar esperanzas en el  país para que  mejore sus resultados educativos. No solo los alumnos están a la cola de la enseñanza, España también aparece en los últimos puestos de gasto en educación, aunque aquí sería injusto olvidar el ingente esfuerzo realizado por las Administraciones durante los últimos decenios.

 Los resultados de la política educativa dependen de un impulso común de toda la comunidad escolar en la que se integra un profesorado para el que no basta asignar una retribución por el cumplimiento de unas jornadas lectivas y olvidarse después de ellos.

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